
Luego que México recupera
paulatinamente su vida normal, después que sólo han sido confirmadas
44 muertes por el virus AH1N1 entre miles de infectados, y de que en Perú no se le haya visto ni la sombra, nos quedan algunas lecciones a aprovechar:
1. La prensa jugó su propio papel,
sensacionalista,
amarilista y morboso. La semana pasada las portadas de los diarios realmente dejaron mucho que desear en cuanto a
objetividad. Exisitó mucha desinformación, pero vamos, nada costó contactar a los especialistas.
2. Los blogs, una vez más, llevaron el tema más alturadamente, ya el domingo 26, anticipándose a todos, el
Dr. Huerta a través de su blog en el Comercio, nos describía con detalles y de una forma muy didáctica lo grave de la enfermedad y los cuidados que había que tener para prevenirla.
3. El Gobierno nos enseñó que NO TIENE una
estrategia de comunicación efectiva. Lo oportuno, inteligente, y adecuado hubiera sido nombrar un portavoz del más alto nivel (Premier, especialista, no necesariamente el ministro de Salud) que
COMUNIQUE realmente, información fidedigna y probada a la población, evitando el pánico, o la ignorancia que es más dañina aún. Las idas y venidas del Dr. Oscar Ugarte, el irresponsable
alarmismo de Alan y el aprovechamiento
político de Kouri hicieron muy poco en una comunicación efectiva desde las autoridades.
4. Técnicamente
se actuó bien, el ministerio de Salud demostró estar
medianamente preparado para este tipo de emergencias. Se siguieron los manuales de la OMS para estos casos, y se instalaron módulos en el aeropuerto, puertos y fronteras para diagosticar el mal. Quizá se exageró al cancelar los vuelos desde y hacia México; felizmente esta medida
ya ha sido levantada, y se están descartando poco a poco casos de la enfermedad en nuestros compatriotas provenientes del país norteño.
En suma, mucha desinformación, y mucho ánimo de exacerbar el ánimo de la gente. El jueves pasado conversé con un
reconocido epidemiólogo y me dejó en claro dos cosas (que ningún medio informó): que el uso de mascarillas o tapabocas debía restringirse a los que presenten síntomas y sufran de estornudos o tos y que los grandes lotes de antivirales de los grandes laboratorios se habían acabado. Por supuesto me comentó también que (a ese día) se conocía muy poco sobre el virus, y sobre todo que la alarma debía tomarse con pinzas, aseguró además que las medidas de prevención eran la mejor arma contra el contagio.
Definitivamente nosotros, como ciudadanos, que compartimos una ciudad, un espacio, con muchas otras personas, tomamos poco en cuenta las medidas de salubridad, -y ni siquiera lo hacemos por respeto a los demás- es por ello las altas tasas de contagio de influenza común (gripe) en esta época de cambio de clima.
Si al toser o estornudar nos tapáramos con un pañuelo, desechable o papel higénico, o cuando estamos resfriados evitáramos ir a nuestros centros de trabajo o estudios, otra sería la realidad de la gripe, y hasta de la poco probable influenza AH1N1 en nuestro país.
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